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Quins ingredients ha d'incloure una bona recepta per a gestionar adequadament l'aigua?
Yo creo que no es posible una buena receta, en el sentido de que no hay una receta universal. El mundo del agua es un mundo muy diverso y cada problema debe ser estudiado, digamos, en concreto y con soluciones que existen de hecho o formas de paliarlo.
Ahora bien, sí existe ciertamente como un enfoque general de la política de aguas; digamos (y esto es de consenso general en la comunidad científica, y también ya de consenso político y social en países más avanzados en la materia, com en Estados Unidos) que vivimos en un momento de transición, desde una historia y una cultura del agua y una estrategia de gestión de aguas que procede de hace un siglo, de prácticamente principios de siglo, de finales del XIX, con los regeneracionistas, que estaba basada --y que sigue basada en la mentalidad de mucha gente-- en que resolver los problemas de agua se hace a pedal de hormigón, desde la erótica del hormigón, que yo digo, a base de nuevos grandes embalses, de nuevos grandes trasvases.
Pues bien, hoy hay un consenso generalizado en que es
no es la estrategia, que esa no es la perspectiva del desarrollo sostenible
y que las nuevas claves, las nuevas palabras, si se quiere esa receta que
tú dices (aunque yo me resisto a darle ese carácter de solución
mágica), los nuevos términos que reflejarían los ejes
de esa nueva política de aguas serían: gestión de
la demanda -que es tanto como decir ahorro y eficiencia en el uso-
y conservación, tanto de la calidad como de la calidad de los ecosistemas,
que al fin y al cabo son nuestras fábricas de agua y nuestras fábricas
de calidad. Esos 2 términos -gestión de la demanda
y conservación- son las claves por ejemplo de la política
de aguas en Estados Unidos, son las claves de la nueva política
de aguas que introduce la directiva europea que está a punto de
ser aprobada.
¿Quins problemes impliquen els transvasaments i els embassaments? ¿Per què s'ha d'abandonar esta tendència?
A veces se me dice si yo estoy en contra de los embalses
y de los trasvases. No, yo no estoy en contra, por principio no estoy en
contra de casi nada. Pero cuando a mi me preguntan si comer es bueno, digo:
"comer es buno, como cuatro kilos de pastel no es bueno". Bien, nosotros
en materia de hormigón nos hemos pasado varios pueblos de la raya.
Somos el primer país del mundo, o tercero, según se contraste
el número y la capacidad de nuestros embalses respecto a la población
o respecto al territorio. Y en ese sentido hemos acabado prácticamente
sobreexplotando acuíferos, desecando humedales, tabicando ríos,
extrayéndoles aguas, arenas, gravas, etc.; hemos destruido materialmente
nuestro patrimonio hidrológico.
En algunas zonas como esta, o cercanas a esta, en donde
de repente han desaparecido los ríos, se cae en la cuenta de que
se tenía un patrimonio hermoso y un patrimonio de riqueza y de calidad
de vida. Hemos perdido miles y miles de hermosísimas costas fluviales,
de parajes de naturaleza excepcionales. Hoy acercarse a un río y
bañarse es peligroso, pone un cartelito que dice "Prohibido bañarse
por salud pública"; el niño se acerca al agua y se le dice:
"No te metas al agua que se te infectarán las heridas". ¿Qué
pasaría si algún día nuestros nietos o nuestros hijos,
cuando fueran a entrar a la playa, a Benidorm, se les dijera: "No te mojes,
que te puede infectar las heridas"? Sería impensable, sería
una locura. Habríamos perdido tanta identidad, tanta calidad de
vida...
Bueno, pues eso es lo que hemos perdido en gran medida
en los ríos. Por eso, lo poco que nos queda o lo poco que podemos
todavía recuperar, debe de estar protegido, debe de estar rigorosamente
defendido como un patrimonio público. Nuestros últimos ríos
escénicos y salvajes, nuestros últimos acuíferos todavía
con ciertas posibilidades de pureza, nuestros últimos parajes de
riberas, de bosques de ribera, son patrimonios de calidad de vida, de un
valor tremendo, mucho más valor en estos momentos que el de las
playas turísticas, por ejemplo, con una perspectiva de futura. Eso
es lo que en Estados Unidos se protege con una ley que se llama la Ley
de los ríos escénicos y salvajes, que dice algo así
como: "Los ríos Trinity, Columbia, las cabeceras de tal río,
el tramo de tal a tal... ...que hasta ahora se llamaban ríos excedentarios,
a partir de ahora esas aguas tienen el uso útil más important
que pueden brindar al pueblo de los Estados Unidos de América: ser
ríos". Bueno, pues en ese sentido es en el que decimos que tenemos
muchísimos embalses, hemos roto ya mucho, hemos destruido ya demasiado.
Es hora de administrar lo mucho que tenemos hecho; lo mucho que hemos destrozado,
administrémoslo bien. Y es hora, en estos momentos, de cambiar esa
estrategia, pasar de la estrategia del hormigón a la estrategia
de la gestión.
Pel que fa a les polítiques municipals de proveïment d'aigua de boca, què podries dir?
Las aguas urbanas y urbano-turísticas son el gran pelotazo hidráulico de los próximos 10 años. Tradicionalmente se ha dicho que detrás de las grandes políticas de los miles y miles de millones de pesetas -incluso billones de pesetas- que se manejan en forma de hormigón, estaba mucha demagogia a menudo, algunos intereses populares sin duda lícitos y buenos, y enormes intereses inconfesables de los grandes lobbies de presión de hidroeléctricas y constructoras.
Hoy, a ese gran lobbie de las hidroeléctricas y las constructoras se une aceleradamente, y en posición incluso dominante respecto a ellas, un nuevo lobbie, mucho más moderno, con una nueva estética, con un nuevo mensaje, pero -digamos- con intereses oscuros, tan oscuros a veces y tan especulativos a veces como los anteriores, y ese es el lobbie de las grandes multinacionales y las grandes empresas de gestión de aguas, de gestión privada de aguas.
Se habla de los mercados de aguas, que se han introducido aceleradamente en este país y de una manera, yo creo, que muy peligrosa. Bien, pues detrás de esto está Aigües de Barcelona, está Lionesse des Eaux, están los trusts de la construcción reconvertidos a empresas de aguas (ya sea Dragados y Construcciones o Fomento) o las muchas empresas multinacionales o grandes monopolios nacionales de la construcción y en este caso de la gestión de aguas.
Detrás del mensaje indudablemente positivo que
desde el movimiento ecologista y desde la universidad y desde muchos sitios
se ha defendido de que necesitamos tener aguas de alta calidad en las ciudades,
detrás de esa justa reivindicación y necesidad de los ciudadanos
se avecina el gran negocio. ¿Por qué? Porque desde la ciudad
vamos a pagar, en principio siempre, un recibo de agua aunque sea grande,
igual que pagamos el de la electricidad; en el regadío esta por
ver en muchos casos -en otros casos se paga ya bastante-, pero es más
incierto el futuro, más incierto incluso el futuro de los regadíos
muy rentables. Ya vamos viendo las crisis que van teniendo los mercados,
incluso de alta eficiencia y de alta rentabilidad, de los que se dan incluso
en el sudeste, en las zonas de Murcia o de Almería. Y sin embargo,
en las ciudades vamos a seguir bebiendo y necesitando aguas, y vamos a
estar dispuestos a pagarlas. Por eso los grandes negocios del futuro inmediato
de los mercados de aguas se están articulando en torno a necesidades
más o menos reales o infladas, interesadamente infladas, de lo que
son aguas urbano-turísticas. Y ligado a esto está el tema
de la privatización de esos servicios. Ahí yo creo que, repito,
junto a un trasfondo de reivindicación justa y de objetivos de eficiencia,
de buen uso y de calidad, se está escondiendo el gran pelotazo hidráulico
de los próximos años.
¿Què pot implicar la consolidació d'eixe procés de privatització de la gestió de l'aigua?
Cuando hablo de privatización tampoco quiero darle un sentido de diabólica, de mala per se, ni muchísimo menos. Hay cosas que se gestionan desde entidades privadas y se gestionan bien, y no hay problema. Claro, cuando hablamos del agua es que estamos hablando de algo muy serio. Estamos hablando de algo que tiene repercusiones sin duda económicas -es un imput económico en la producción de muchas cosas-, pero al mismo tiempo es un elemento de calidad de vida, es un elemento de salud, que influye para bien o para mal en nuestra salud, es un elemento fundamental de vida, es un elemento de naturaleza, que da vida a un paisaje en un momento determinado. Creo que era Unamuno quien decía que un río era a menudo el alma de un paisaje. Son las señas de identidad de muchos pueblos: el río, el paraje, la cañada, el paraje húmedo donde la gente pasea en las riberas de un río, etc.
Son muchas componentes las que dependen del agua. La mayoria de esas componentes no están reconocidas por el mercado, no son valores reconocidos por el mercado. Al igual que la justicia, la ética, la distribución equitativa..., pues también todos estos valores ambientales, sociales, de justicia social, etc. No, el mercado no es bueno para eso, el mercado es bueno para otras cosas. En ese sentido, yo desconfío que cuestiones de las que dependen cosas tan importantes como es nuestra salud, como es nuestra organización social básica, etc., sean confiadas a dinámicas de mercado. Personalmente creo que es muy peligroso hacerlo. Se suele hacer en nombre de que la empresa pública es ineficiente y, cuando eso se dice desde un ayuntamiento, sea cual sea, yo siempre digo lo mismo: un ayuntamiento, un alcalde, un concejal, responsable de un servicio público como puede ser el de aguas, como puede ser el de transporte, que en un momento diga que tiene que privatizar porque la empresa pública es un desastre, es como si yo fuera presidente del Banco Bilbao Vizcaya, reuniera a mis accionistas y les dijera que la empresa privada es un desastre y que hay que nacionalizarla. Evidentemente, lo primero que harían todos mis asociados sería ponerme de patitas en la calle, porque lo que estoy reconociendo es que soy incapaz de hacer esa empresa rentable y razonable.
Cuando un alcalde o un concejal de un servicio de este
tipo dice que la empresa pública no puede hacer viable y rentable
una cuestión tan elemental, en la que todos los ciudadanos vamos
a pagar rigurosamente nuestro recibo, sin competencia de nadie, sólo
con que nos expliquen bien en qué nos estamos gastando el dinero
y para qué es aquello, bueno, ese señor, antes de decir eso
tiene que haber dimitido. Tiene que haber dimitido antes de proponer ni
que se privatice ni nada, porque está reconociendo su incapacidad
de organizar la empresa pública. Y yo soy partidario de defender
-repito, sin demonizar para nada la empresa privada- que cosas como
el transporte, como un servicio de cementerios, o como un servicio de aguas,
o como un servicio de basuras son, como no, gestionables de una manera
racional y rentabilísima desde la entidad pública. O, si
no, ¿qué es la política si no somos capaces de hacer
rentable una empresa de aguas con el apoyo de todos los ciudadanos, de
todo un municipo? Pero, ¿de qué estamos hablando? ¿Hemos
perdido la batalla de la democracia frente al mercado? ¿Qué
va a ser esto? ¿La democracia se hará en la bolsa a partir
de ahora, en Wall Street, en vez de en las urnas? Esto no tiene sentido.