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manifiesto
Día de la Tierra |
MANIFIESTO DE ELS VERDSCuando la bolsa sube, la salud de la tierra baja. No es por casualidad, cuando la economía mundial está en auge, contrariamente, todos los signos vitales de la salud de nuestra tierra muestran tendencias muy preocupantes de declive acelerado. Y ésta enorme pérdida de riqueza y de diversidad natural impulsada por la globalización económica actual no se traduce en un mayor bienestar de la mayoría de las personas del planeta sino tan sólo en una creciente desigualdad entre y dentro los países.
En el mundo opulento parecemos atrapados en un paradójico doble vínculo psicológico y social : cuanto más crecemos menos somos, cuanto más consumimos menos tenemos. "Más madera" gritó el maquinista que arrancaba la madera de los vagones para alimentar la maquina de un tren cada vez más veloz y cada vez más fuera de control. En este Día mundial de la Tierra del 2000 es más necesario que nunca recordar a Walter Benjamín cuando afirmaba que quizás el motor de las revoluciones era el recurso al freno de emergencia para controlar ese tren enloquecido que, en nuestros días, se embala hacia un futuro/presente muy empobrecido y incierto donde los bosques que se encogen, las tierras que se pierden, los aguas se secan o se envenenan, los especies desaparecen y el clima cambia y se desordena.Sin embargo, la velocidad del tren no para de aumentar. Las prioridades económicas y políticas de liberalización, hiper-competitividad y crecimiento desbocado suelen ser aceptadas como un nuevo dogma religioso y dejan poco espacio para políticas basadas en una ética de responsabilidad ambiental y social. Seguimos proyectando nuestros modos de vida al conjunto del planeta, midiendo el éxito de la sociedad en el aumento de consumo de toneladas de cemento y de todas las materiales no-renovables que provienen de las fuentes de vida de la Tierra. Continuamos aumentando la demanda energética con unas infraestructuras faraónicas para alimentar la expansión urbanística desenfrenada. Pero todo ello se hace bajo retóricas basadas en la autocomplacencía hipócrita y contradictoria que afirma "respetar el medio-ambiente".Sólo una ética de precaución, moderación y solidaridad, junto con la aceptación de límites a nuestro consumo voraz del mundo biofísico, puede hacer frente a los grandes desafíos de las crisis ecológicas globales y locales, o más bien glocales. Ha llegado el momento de recuperar el sentido de la palabra bastante. Porque el cambio climático, la desforestación, la escasez de agua limpia o los peligros de la contaminación nuclear, química y genética, son todos productos de las sociedades industriales del Norte. Nos urgen unas políticas de suficiencia en todos los ámbitos de actividad humana, de calidad social y natural en lugar de cantidad, de un modelo de desarrollo entendido como mejora y no como expansión. Sólo así podemos decir defender unos derechos de ciudadanía ambientales y sociales, individuales y colectivos.En el País Valenciano, una zona mediterránea especialmente vulnerable por la gran fragilidad de sus ecosistemas, la velocidad de destrucción de la tierra, el agua y todas las formas de vida corre más rápido que el AVE que algunos añoran tanto : más de una tercera parte del país sufre una seria erosión, gran parte de los ríos son cloacas por una producción agrícola y industrial intensivamente química, nuestros aquiferos y zonas húmedas se secan por bombeo día y noche sin apenas control, el consumo de energía y el uso del coche se dispara en nuestras ciudades tanto como sus terribles consecuencias en el clima y en nuestra salud, el aumento de la producción de residuos de todo tipo sigue creando grandes riesgos para muchos pueblos que cargan con el despilfarro irresponsable de las ciudades, centenares de canteras destripan los montes del interior y el poco paisaje que queda del litoral esta siendo rematado por un turismo insaciable.La respuesta general de las instituciones es muy superficial. La mayoría de las políticas ambientales valencianas siguen siendo cosméticas y están relegadas en el gueto de "espacios naturales" o "eco-parques" o "educación ambiental", aisladas del centro de las grandes decisiones económicas, urbanísticas y comerciales que se suelen tomar sin el más mínimo compromiso ambiental y ético con el futuro. Como mucho, entienden la ecología como un intento de limpiar o de sanear, de actuar contra la suciedad al final de una tubería que, en la actualidad, se aumenta en su tamaño sin cesar. Sin embargo, se ve claramente que éstas políticas parciales y técnicas, a parte de ser bastante ineficaces, no reducen apenas la escala física del deterioro ambiental en todos los procesos de la economía (extracción, producción, transporte, residuos..) , tanto a nivel local como global. Por desgracia, poco o nada tiene que ver la palabra sostenibilidad con la situación actual.No resulta sorprendente, entonces, que en las recientes elecciones generales las cuestiones ambientales estuvieran casi invisibles en los debates y campañas electorales, a pesar de ser entre los pocos ámbitos que una gran mayoría considera que "va a peor", según distintos sondeos. Es evidente que la conciencia general de la gravedad de los problemas ambientales va muy por delante de la voluntad política de hacer frente a ellos.Consideramos que unas políticas en defensa de la vida deben orientarse a moderar y reducir el consumo de energía, agua y materiales no-renovables con medidas fiscales de fomento del ahorro y de penalización de quien más consume (internalizando los costes), a embarcar en una amplia reconversión (y no meramente simbólica como actualmente) de la industria y la agricultura hacía formas de producción ecológicas, a priorizar económicamente una masiva transición a las energías limpias y a limitar radicalmente las expansiones urbanísticas y las nuevas redes viarias, dando preferencia al transporte público, la rehabilitación y la mejora social de los barrios y pueblos existentes. Los ríos y la costa, las tierras valiosas y las huertas agrícolas necesitan urgentemente unas protecciones legales eficaces y nuevas formas de gestión que lleguen al corazón de la actividad económica para garantizar su futuro vivo, tanto natural como socialmente.En este día de la Tierra 2000 debemos reafirmar nuestro compromiso con la comunidad planetaria que convive con profundos lazos de interdependencia y complejidad en un mundo vivo que necesitamos para sobrevivir. Asumamos la responsabilidad de su cuidado y optemos por construir un futuro conectado con la rica diversidad de la Tierra.ELS VERDS DEL PAÍS VALENCIÀ
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