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Tribunales Internacionales
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LOS TRIBUNALES
INTERNACIONALES DE OPINION COMO APORTACION EN LA ESTRATEGIA DE LOS PUEBLOS
CONTRA LA IMPUNIDAD
La humanidad ha tardado miles de años para comprender que la dignidad humana no es otra cosa que el liberar al hombre del temor, de la opresión, de la miseria. Superar estas calamidades para construir una nueva sociedad en la cual las ejecuciones extrajudiciales, la tortura, la desaparición, el desplazamiento forzado de personas, la detenciones arbitrarias, la privación de bienes y servicios esenciales como el alimento, la salud, la educación, la vivienda, la cultura o el trabajo, sean sólo sombras del pasado. Logrando la convivencia en paz, en un mundo en el que el respeto y vigencia de todos los derechos humanos permitan que la felicidad sea posible. La idea de los
Tribunales Internacionales de Opinión nace como búsqueda
de los pueblos y de las víctimas para contrarrestar la impunidad,
la ausencia de castigo, que pareciera circunscribirse a un terreno estrictamente
jurídico. Si bien este aspecto es importante, la impunidad no se
reduce a un problema meramente judicial. Es ante todo, y sobre todo, un
fenómeno de sociedad y como tal tiene dimensiones políticas,
económicas, sociales y éticas. La impunidad se instala en
todos los espacios de la sociedad, carcome la vida política, destruye
el tejido social, deroga la convivencia democrática, instaura el
terror, genera desesperanza en los pueblos e individuos y consagra la ley
del silencio como norma suprema de la supervivencia. Asegura la reproducción
de la injusticia en todas sus dimensiones y la continuidad del statu quo.
Argumentos que servirían para
la impunidad en general pero no para la que cobija los crímenes
de lesa humanidad que es preconcebida por voluntad expresa del Estado;
aclarando que muchos funcionarios judiciales han recibido amenazas que
los han llevado a la inmovilización de las investigaciones, al exilio
o incluso han sido asesinados por investigar los autores de esos crímenes.
No podemos desconocer que la guerra sucia se ha dirigido contra el movimiento social y democrático que ha perdido por lo menos 40 mil de sus mejores hombres y mujeres en esta larga noche de más de 40 años. Ellos luchaban por la libertad de expresión, de pensamiento, por la posibilidad de participar políticamente, por su identidad, por la autonomía de indígenas y negros, por los derechos de las mujeres, por la tierra, por la vivienda, por los servicios públicos, por la educación, por la salud, por los derechos laborales y sindicales. En síntesis por una vida digna. Se consideran
crímenes de lesa humanidad aquellos promovidos o tolerados por los
Estados que, al atentar contra una persona o un grupo de personas, no lesionan
solamente la vida, la libertad o la integridad física de las víctimas,
sino que afectan de manera grave la conciencia universal por generar efectos
destructivos sobre una parte esencial del tejido social, cultural o ideológico.
Sin embargo más allá de los intereses geoestratégicos de las grandes potencias, de los intereses políticos o económicos de los Estados, se fue erigiendo una conciencia universal sustentada en la reivindicación común de la lucha contra la impunidad bajo los preceptos de verdad, justicia y reparación, para todos los pueblos víctimas de violaciones de derechos fundamentales. A este propósito han contribuido los tribunales internacionales de opinión, que han sentado las bases de una nueva filosofía política. En Estocolmo del 2 al 10 de mayo de 1967 y en Roskilde (Dinamarca), del 20 de noviembre al 1º. de diciembre del mismo año sesionó el Tribunal Russell, que enjuició a los Estados Unidos y a sus aliados por las agresiones y crímenes de guerra cometidos contra el pueblo de Vietnam. El 6 de noviembre de 1973 en la ciudad
de Bruselas se convocó un segundo Tribunal Russell, para enjuiciar
los graves crímenes de las dictaduras militares en América
Latina, en este documento constitutivo se estableció que: “El único
fundamento racional y real del orden internacional, es la voluntad de paz
de los hombres y de las mujeres convencidos de su solidaridad. Hasta ahora,
los gobiernos han afirmado que son los únicos órganos calificados
de la sociedad internacional. Tal pretensión es tanto menos justificada,
cuanto la acción internacional de los gobiernos ha servido mucho
más para frenar que para desarrollar el Derecho y el progreso de
la solidaridad internacional”.
En el preámbulo de dicha declaración
se estableció como la violación de derechos humanos cuenta
con el apoyo de muy distintos poderes políticos y económicos
que acaban aliándose a políticos locales corruptos y regímenes
militares viabilizadores de estructuras de represión política,
tortura y exterminio físico de los opositores. Afirmaciones lamentablemente
vigentes.
El 4 de noviembre de 1989, se instaló en Bogotá El Proceso a la Impunidad de Crímenes de Lesa Humanidad en América Latina. En el curso de 18 meses se realizaron 11 audiencias sobre igual número de países de la región, destacándose en su documento conclusivo que: “...Las estructuras represivas vigentes durante las dictaduras han sido conservadas tras ropajes más jurídicos, y su impunidad ha sido garantizada mediante indultos, amnistías, leyes absolutorias, mecanismos institucionales y extrainstitucionales de encubrimiento, aplicaciones extensivas del Fuero Militar, del secreto y la clandestinidad como exigencias de la seguridad nacional. La exigencia de esconderse, que acompaña toda la historia de la violencia, se acentúa particularmente en el actual contexto de “democratización” que vive el continente” . Sin referirse a Colombia, pero en afirmaciones que caracterizaban desde ya nuestra tragedia, se dijo: “Entre los argumentos aducidos por los regímenes militaristas para autojustificarse, está la exigencia de reprimir, tanto a los grupos insurgentes como a los narcotraficantes. Sin embargo, esta exigencia se convierte frecuentemente en un pretexto para atacar al cuerpo social del pueblo: a sus organizaciones sindicales, campesinas, indígenas, estudiantiles, los movimientos de mujeres, a los comités de derechos humanos, a las comunidades de base” . Mas de una década después el Estado colombiano sigue sin adoptar las recomendaciones formuladas en este tribunal y continúa sin implementar las recomendaciones hechas por los mecanismos interestatales de protección de los derechos humanos. La crisis humanitaria continúa acentuándose convirtiéndose el país, hoy por hoy, en uno de los Estados más violentos del mundo. Recientemente el pueblo de Barrancabermeja
(Colombia), bajo solidaridad internacional, desarrolló un Tribunal
Internacional de Opinión que juzgó la responsabilidad del
Estado en la desaparición de 25 personas y la ejecución de
siete más, hechos sucedidos el 16 de mayo de 1998. Este Tribunal
encontró responsable al Estado colombiano.
¿Cómo se organizan los Tribunales Internacionales de Opinión?: Los organizan los pueblos, las comunidades,
la víctimas y sus familiares. Su eje es la solidaridad ubicándose
en el lugar de las víctimas, compartiendo su dolor y aspiraciones.
No es posible hacerlos sin una dinámica social, se requiere sumar
voluntades para tratar de diseñar los objetivos del TIO, crear los
equipos de impulso en lo nacional e internacional, personas que encarnan
un movimiento de organización solidaria y que, a partir de sucesivas
evaluaciones, consultas y propuestas, promueven el Tribunal.
Los Tribunales Internacionales de
Opinión son un mecanismo social de protección de todos los
derechos humanos, una manera de hacer justicia apelando a la conciencia
de la humanidad, con gran fuerza moral, unido al valor y a la fuerza ética
de las víctimas .
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